jueves, 21 de octubre de 2010

Foro: Alaíde Foppa, 30 años de su desaparición forzada



Mi vida
es un destierro sin retorno.
No tuvo casa
mi errante infancia perdida,
no tiene tierra
mi destierro.
Mi vida navegó
en nave de nostalgia.
Viví a orillas del mar
mirando el horizonte:
hacia mi casa ignorada
pensaba zarpar un día,
y el presentido viaje
me dejó en otro puerto de partida.

Alaíde Foppa (1959)
[Fragmento del poema “Destierro” en  Aunque es de Noche]



Alaíde Foppa desaparece en Ciudad de Guatemala el 19 de diciembre de 1980, a manos del ejército Guatemalteco, cuando partió en busca de los pasos de sus hijos. Tras haber perdido a su marido, Alfonso Solórzano, ella decide asumir una vida nueva, estar más cerca de las necesidades sociales y de sus raíces, por lo que acepta una seria misión como embajadora de la justicia para Guatemala y los países de Centroamérica. Elije comprometerse con su causa política desde una trinchera diferente y con una voz más propia. Ya había recorrido los pasos vanguardistas de un feminismo naciente, y trazado con sus letras los senderos de la poesía y la crítica de arte. Con fraterna solidaridad albergó refugiados en casa y, de más de una manera, ligó su historia a hermanas y hermanos indígenas. Su cátedra navegaba entre las letras italianas y la sociología de la mujer y su voz se difundió a través de Radio UNAM.

Lamentablemente, el ímpetu con que se entregó a esta misión duró muy poco. En su primera encomienda, al servicio del movimiento guerrillero guatemalteco, fue localizada y secuestrada junto con quien conducía el auto en el que se transportaba, dejando en la orfandad a una madre de 94 años, a tres de sus hijos y a los cuatro nietos que llegó a conocer.

Treinta años después, en el silencio yace la verdad sobre su desaparición forzada.

El propósito de este foro es recordar el nombre y la mujer que dieron rostro a la vida de Alaíde Foppa y, a treinta años de su desaparición forzada, reflexionar en retrospectiva sobre la situación de los derechos de las mujeres en particular y de los derechos humanos en general. Esto, como una forma de conmemorar, en nombre de la libertad, las voces que han sido apagadas por la violencia, el autoritarismo y la intolerancia.

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